martes, 30 de septiembre de 2014

La cacería (Misantropía vampírica II)

La cacería (Misantropía vampírica II) León Cuevas
La cacería (Misantropía Vampírica II) León Cuevas El rehén estaba amarrado a la silla, dentro de una amplia bodega, lloraba por las torturas que le aplicaban Joaquín Ramos, alias El lagarto y Rodrigo Gonzáles, alias El rodi: principales integrantes del Cártel del Este, asociación delictiva de Tamaulipas que tenía varios integrantes operando en Hidalgo y El lagarto era quien los dirigía desde Pachuca. La puerta de la bodega se abrió de golpe y penetró una imponente figura; gordo y robusto, bigote grueso, con toda la vestimenta de un clásico narcotraficante y sin faltar su enorme sombrero ranchero. Era Everardo Elías Camacho, alias El comandante, quien entró a la escena rodeado de varios hombres armados que cubrían sus rostros con paliacates. El comandante era el líder principal del cártel y había venido una temporada a Pachuca por razones de negocios, al menos eso había dicho sin aclarar detalles. El lagarto, cuando recién llegó el jefe, había pasado de ser el dirigente de la zona a ser solo un integrante más y eso no le agradaba por completo. –Ahora si hijo de la chingada –dijo El comandante refiriéndose a su víctima –dime ¿Qué cártel es el que te envió a espiarnos? Pensabas que no nos íbamos a dar cuenta, pero aquí estás, sentado entre nosotros, sabiendo que si no hablas te arrojaremos en pedazos a la carretera. Sin embargo el espía del bando enemigo no hablaba, aun cuando derramaba mucha sangre por la golpiza y las cortadas en los brazos y la cara. El comandante no tuvo otra opción que tirarle un balazo en el pie. El hombre lloraba todavía más, pero seguía sin hablar y eso llegó al límite de la paciencia del líder, le disparó en el otro pie. Al seguir sin respuesta sacó una navaja y le dijo –si no vas a hablar no vas a necesitar tu lengua –de inmediato se la cortó y se retiró de la escena tras ordenarle al lagarto y al rodi que lo mataran. Eran la once de la noche, después de deshacerse del cuerpo, el par de narcotraficantes platicaban en una mesa tomando un par de cervezas en otra parte de la base. El lagarto quería llegar a la verdad de todo esto y sabía que El rodi se la diría, él era la mano derecha del comandante y venía acompañándolo desde Tamaulipas. –No entiendo rodi ¿Por qué El comandante ha venido si aquí estoy controlando todo a la perfección? Además en Tamaulipas hay más Cárteles tratando de apoderarse del campo de venta que aquí. –Eso es lo que me preocupa más lagarto, el motivo por el que ha venido. Está persiguiendo con una enorme obsesión a un enemigo desde el norte. –Ha de ser demasiado poderoso, puesto que El comandante es un narco muy temido en varios estados ¿Qué tipo de mafioso o dirigente persigue? –Ahí está el asunto, parece que no está buscando a alguien humano, está aferrado con cazar algo sobrenatural. –No me vengas con eso rodi. ¿Me vas a decir que crees en cosas de aparecidos y seres paranormales? –Yo no, pero El comandante si y lo que me preocupa es que esté perdiendo la cabeza por eso. Sabes, desde que murió su única hija, secuestrada por un cártel enemigo, cambió mucho. Siento que se vino para abajo y de un tiempo para acá, comenzó con esta idea de la cacería. Parece que la sombra de esa criatura lo tiene torturado día y noche, su objetivo principal es tenerla muerta y tal vez exhibir públicamente su cadáver como un trofeo, pero al mismo tiempo, ha descuidado al cártel y al negocio por esa idea absurda. – ¿Entonces por eso vino? Es ilógico –dijo El lagarto. –Lo sé, pero hazle entender al él. –Eso me hace perderle un poco de respeto y eso que para mí es un ejemplo a seguir. En ese momento llegaron dos sicarios avisándoles que los necesitaban para un movimiento. De inmediato tomaron sus armas y se dirigieron a la camioneta del comandante que estaba arrancando en el estacionamiento. Se subieron imaginando que iban tras algunos aliados del espía que acababan de descuartizar. El comandante iba sentado en el asiento del copiloto mientras su chofer conducía de manera desenfrenada, atrás, El lagarto, El rodi y otro hombre armado. El líder no decía nada, solo miraba fijo hacia el frente. La camioneta se dirigió a toda velocidad por El río de las avenidas hasta llegar al centro y de ahí al monumento del Reloj. Frenaron por un momento y El comandante señaló hacia una calle que subía, todo parecía que seguían a algún vehículo que iba a la misma velocidad que ellos. El chofer manejó en la dirección señalada hasta que dobló a la derecha y llegó a una calle desolada con edificios viejos, ahí se bajaron y el jefe los dirigió hacia un edificio abandonado. Tumbaron la podrida puerta de madera y penetraron esperando encontrar mercenarios que cazar, pero para sorpresa de todos menos del comandante, después de examinar el piso de abajo, notaron que el edificio parecía estar vacío, un silencio absoluto era lo único que los rodeaba. El lagarto se estaba percatando de que precisamente el líder del cártel estaba perdiendo la cabeza, mientras que El rodi ya estaba harto de lo mismo. Desde el norte lo traía de un lado a otro persiguiendo algo que jamás aparecía, el más que convencido de la locura de su jefe, ya planeaba aprovechar el momento perfecto para deshacerse de él y ocupar su puesto. Incluso desde su estancia en Pachuca le iba a proponer al lagarto unirse para matar al comandante y que ellos dos manejaran a la asociación delictiva con más fuerza y mejores estrategias. Pero todo cambió en un instante, del techo se deslizó una silueta negra que en segundos jaló a uno de ellos, los otros cuatro al momento, dispararon hacia arriba, no alcanzaron a ver bien quien o que era lo que acababa de llevarse a su colega por un agujero del techo y subieron de prisa al segundo piso. Este era más oscuro que el piso de abajo, apenas la luz de la luna alumbraba por algunos orificios de varias tablas de maderas que cubrían las ventanas. El lagarto estaba muy desconcertado y El rodi estaba pensando en que los planes iban a cambiar, ya que su jefe al parecer no estaba tan loco, de verdad podía estar buscando algo fuera de este mundo. En eso de entre las penumbras se aproximó la criatura que para nada estaba intimidada por la presencia de los mercenarios, al contrario, parecía haberlos esperado. Era un ser aproximadamente de uno ochenta de alto, vestido con traje elegante negro y una capa de estilo británica. Su rostro era tan blanco como la luna que alumbraba sobre el edificio, su cabello largo con tonos grises y sus ojos negros con el iris rojizo. En ese momento El rodi se dio cuenta de que El comandante había reunido a sus mejores asesinos para acabar con el enorme monstruo, los había llevado a la boca del lobo. Corrió hacia las escaleras para huir de ahí. Sin embargo el ente se abalanzó esquivando con facilidad las balas de los otros, El rodi no tuvo tiempo ni de gritar cuando en segundos la fiera le arrancó la cabeza y la lanzó hacia sus compañeros. De ahí le bastaron pocos instantes para terminar con el chofer de la camioneta y con El lagarto, dejando el asunto entre él y El comandante. –Ni si quiera mis mejores pistoleros pudieron contra ti Camudrio –dijo El comandante que aparentaba valentía, aunque por dentro, pese a la rabia que cargaba, se moría de miedo –no tienes idea cuanto te odio, eres el responsable de tanta infelicidad en mi vida. Desde que vi como mataste a mi hijita frente a mí y en mi propio patio, no he pensado en otra cosa más que en cobrar venganza. A nadie le conté que habías sido tu por vergüenza y tuve que mentir que los de Cartel del Oeste la habían secuestrado –El comandante tenía un tono de lamento mientras el vampiro se burlaba de él con una risa moderada. –Sabía que me seguirías hasta esta ciudad comandante, no tendría que buscarte si solito ibas a venir a mí, viejo amigo –dijo Camudrio con una voz ronca que parecía de ultratumba. –No me llames amigo, Camudrio, eres lo peor que ha pasado, he llegado a pensar que eres el mismo diablo en persona –respondió el narcotraficante. –Podría haberte matado desde hace mucho, pero en realidad te he permitido vivir porque me haz servido como carnada –le contestó el enorme vampiro entre risas. En ese momento se escuchó que algo cayó en el techo, en efecto había volado hasta aterrizar arriba de ellos. Camudrio miró hacia a lo alto, estaba esperando a un tercer invitado. –Usted espéreme aquí comandante, a mi amigo le gusta mucho la sangre de los maleantes y por eso has sido mi carnada perfecta, si alguien lo ha atraído no he sido yo, sino usted. –Momento Camudrio ¿un amigo tuyo, te refieres a que existen más como tú? –Por su puesto mi señor, somos muchos a decir verdad y estamos empezando a poblar La bella airosa, para comenzar a gobernar el mundo desde aquí, ésta pequeña ciudad nos da el panorama perfecto para que tomemos el control absoluto. Sólo que algunos necios no quieren entender a La hermandad. Regreso en unos instantes con usted – Las pisadas del techo parecían como si fueran de algún enorme felino que merodeaba arriba de ellos, Camudrio se escurrió por un agujero en la pared. El comandante de verdad se sentía muy confundido, no podía creer que había sido usado. Se empezaron a escuchar ruidos muy fuertes como si dos fieras pelearan de manera agresiva, el sonido creció y era cada vez más devastador, hasta que de pronto vino de nuevo el silencio aterrador. El comandante bajó rápido las escaleras para salir de ahí, pero fue demasiado tarde. En el piso de abajo lo esperaba una silueta delgada, de estatura más baja y que sostenía en sus brazos a Camudrio muerto. Se veía muy impactante como alguien con tamaño promedio sostenía con una mano a un cuerpo de más peso y medida, como si fuera un muñeco de trapo. –¿A dónde cree que va Comandante? –dijo con una voz serena. Cuando la luz de la luna lo alumbró se vio a alguien del mismo tono de piel que Camudrio, vestido con moda más actual; saco y pantalones de tonos pardos, sweater vino de rombos y lentes hipsters. En apariencia podría tratarse de algún humano, pero era todo lo contrario, se trataba de otro vampiro que representaba amenaza. Era extraño que ese individuo de apariencia humana se hubiera escuchado como un animal salvaje cuando caminaba en el techo del segundo piso. El comandante le disparó pero la bala pareció no afectarlo, a lo mucho solo le hizo dar un paso hacia atrás. –¿Así recibe a todos los que le ayudan a terminar con sus enemigos comandante? Eso es muy descortés –dijo el nuevo vampiro mientras el cadáver de Camudrio se disolvía en su mano hasta convertirse en polvo y quedar solo un traje con una capa negra. –Yo no seré descortés señor, me presento, mi nombre es Lerion y soy el comisario de esta ciudad. Verá; durante años, La bella airosa ha vivido en paz, no dejaré que su tranquilidad y la mía acaben por personas como usted o algunos seres despreciables como el recién vencido. El comandante lanzó dos disparos más pero de nada sirvieron, Lerion se acercó a él en un segundo y con su dedo índice le hizo una herida cerca de su corazón, perforando su pecho con un movimiento muy fino. En segundos brotó una gran cantidad de sangre. En ese momento se escuchó como iban llegando otras dos camionetas a una cuadra de distancia. –Así que ha traído refuerzos mi comandante –dijo mientras se sentaba en el suelo y sostenía el cuerpo desvanecido del jefe mientras este lo miraba con odio. –Mis hombres te destruirán –fueron sus últimas palabras. Ambos escuchaban como los sicarios se acercaban. –No tiene idea como disfruto la sangre de los maleantes como usted, a lo largo de mi existencia he probado la de mafiosos chinos, gangsters, asesinos rusos y terroristas del oriente. Pero a decir verdad, el torrente sanguíneo de narcotraficante mexicano tiene un sabor muy exquisito; provecho mi comandante. Cuando los sicarios entraron al edificio encontraron el cadáver de su líder colgado del techo, lo bajaron entre todos sin darse cuenta de que Lerion los esperaba en el fondo del cuarto, entre la oscuridad para acabarlos uno por uno. Se frotó las manos disponiéndose a disfrutar de un banquete familiar.

viernes, 29 de agosto de 2014

Misantropía vampírica.

Misantropía Vampírica. León Cuevas.
A eso de la una y cuarto de la madrugada, Lerion se hallaba sentado en la terraza de un bar en la colonia de Zona Plateada sin prestar mucha atención a los impertinentes borrachos que armaban alboroto a dos mesas de distancia. Ya incuso el dueño del bar había salido a explicarles que la cuenta estaba bien y no les estaban cobrando nada de más. Pero tratándose de niños juniors, era sinónimo de que no iban a estar dispuestos a cender, a fin de cuentas unos mirreyes hijos de papi siempre van a buscar tener la razón. Todos en el bar veían la escenita menos el, aquel particular individuo pálido que vestía con atuendo Hipster. Lerion era un vampiro que en verdad odiaba a los otros vampiros, como si fuese un ermitaño de su propia especie. Por siglos había repudiado la convivencia con los suyos, ese fue uno de los motivos para que dejara de vivir escondido entre las estaciones del metro de la Ciudad de México a partir de que comenzó a ser una perfecta unidad habitacional para los no muertos, y el tener encuentros cada vez más frecuentes con esos repulsivos similares lo obligó a mudarse. Después de buscar un lugar para vivir se encontró con la pequeña, tranquila y poco llamativa ciudad de Pachuca, el aposento ideal para un antisocial. Con el tiempo aprendió a mezclarse perfectamente con los habitantes del sitio y pasar desapercibido por las calles. Así parte de su nueva vida fue cambiar su atuendo conforme a la época ya que después de casi cincuenta años de vivir en los túneles subterráneos del Distrito Federal iba a llamar la atención con su vestimenta tipo Beatnik de Avándaro, en una ciudad chica y simple no se veía muy seguido a un apuesto joven pálido de pelo largo y patillas gruesas con boina, cualquier hombre vestido de esa manera se tendría que ver como un viejo quedado y atrapado en otros tiempos. El vestir así tan sesentero por tantos años no significaba que no estuviera al tanto de los cambios de modas en la superficie mientras permaneció en el subsuelo, seguido las víctimas que cazaba eran su catálogo del mundo exterior, algunas solían ser personas que viajaban en los últimos horarios del metro y de vez en cuando algún vándalo, grafitero, asaltante o mafioso que se escondiera en la oscuridad de las vías. Así su menú variaba entre punks, chicos heavies, góticos y cholos. Sin embargo su estancia en la pequeña ciudad airosa lo hizo buscar una apariencia más acorde. También su estrategia de cacería y sus víctimas cambiaron, solía con frecuencia fingir que hacía amigos o que ligaba en centros de recreación nocturna para poderse ganar la confianza de sus presas y ya estando fuera de la vista de otros pudiera acabar con ellos. Para evitar ser encontrado, su táctica era nunca rondar por el mismo bar, algunas noches su escenario era un putero de mala muerte y en otras ocasiones un antro para niños ricos. El chiste era no ser localizado tan fácil y no tanto por ser encarcelado, ya que la policía y cualquier fuerza armada le hace los mandados a un vampiro que les lleva ventaja de experiencia por siglos. Si no que lo que quería evitar era emigrar a otra ciudad. Lerion aprovechaba la perfecta oportunidad de que estaba viviendo en instantes de muchos secuestros y cobranzas entre narcotraficantes, eso le permitía disfrazar sus movimientos para que sus víctimas fueran sospecha de los mafiosos y no de lo paranormal. De unos días para acá le comenzaba a preocupar algo, aunque más que preocupación era molestia. Estaban saliendo cada vez más noticias de muertos encontrados al amanecer en lugares recónditos de Pachuca. Indicaba que no estaba solo en la ciudad, rayos era demasiado bueno para ser verdad que pudiera tener una zona urbana para él solo. Detestar a los de su propia especie va más allá del egoísmo, él estaba consciente de eso y no le importaba, simplemente quería estar tranquilo sin necesidad de pelear contra otros caras pálidas por el territorio. Después de que terminó la disputa de los escuincles mirreyes en el bar, uno de los meseros amablemente se le acercó. -¿Desea otra copa señor? -Sí otro Martini por favor, cóbreme los otros dos y este –respondió sacando de su cartera un billete grande. Momento aquí surgen dos preguntas; ¿De dónde sacaría dinero un vampiro? Y ¿Qué no a los vampiros les puede hacer daño el alcohol? La respuestas son simples, el dinero lo sacaba de las carteras de sus presas, así era más fácil relacionar el asesinato con un asalto o una cobranza, y al atacar pensaba en todo, solía incluso extraer la sangre del cuerpo mediante otras formas que no fuera la típica mordida en la yugular, con un poco de estudio de medicina y anatomía todos podemos saber que existen más venas en el cuerpo y que pueden extraer la misma cantidad de sangre, ese tipo de hechos a veces hacían ver como resultado un cadáver que aparentaba haber muerto por asalto, con cortadas tan bien calculadas que parecían navajazos. Eso en verdad era saberse esconder. La otra respuesta era que a cualquier ser humano y no humano les hace daño el alcohol, si el hombre come y después se envenena con bebidas alcohólicas, ¿por qué el vampiro no podría hacer lo mismo.? Volviendo a la historia, Lerion estaba gozando tranquilo de su tercer Martini cuando sintió una presencia muy cerca que le arrebató de golpe la tranquilidad. Dejó la copa a un lado y discretamente salió del lugar. Una vez fuera donde estaba la fila para entrar y los cadeneros, sacó un cigarro para disimular y se puso a detectar en qué dirección se aproximaba la presencia que había sentido. Una vez localizada se alejó de la zona de aglomeración y caminó hacia donde muy pocas luces de poste iluminaban el asfalto. Apenas pudo esconderse entre las sombras cuando escuchó una voz tras él. -Vaya Lerion ¿Hace cuantos siglos que no teníamos el gusto de encontrarnos? –Dijo la voz. -Para mí mala fortuna no más de unos cinco –Contestó con un tono parecido al de un señor amargado. Su aliento tenía un dulce aroma a alcohol mientras que el de quien le hablaba era más una esencia de hierro, el mal aliento de los vampiros que acaban de comer. Lerion volteó y encontró una silueta cubierta con una túnica negra que asomaba un rostro blanco con una opaca cabellera larga, un par de ojos completamente negros y unos colmillos rojizos por sangre fresca. Avanzó un paso y la escasa luz de un lejano faro hizo ver más su mirada. No había gente alrededor más que un par de juniors en estado de ebriedad que iban a subir a un VMW pero uno de ellos estaba a punto de vomitar. -Mírate Lerion, mimetizándote en la sociedad; cabello corto, pantalones entubados, camisa de cuadros, saco de moda y unos ridículos lentes de pasta. Patético, en verdad es patético tu atuendo y tu nueva forma de vivir. -Eso no es de tu incumbencia Aurguz, vayamos al grano ¿Qué diablos estás haciendo en mi ciudad? -¿Tu ciudad? –Contestó a punto de soltar una carcajada –Quiero que sepas que ni si quiera soy el único vampiro que se está hospedando en Pachuca, ya son varios los que están comenzando a establecerse aquí. -¿Por qué? -Por el mismo motivo que lo hiciste tú, es una ciudad tranquila y nueva para nosotros, brinda mucha sangre fresca sin tener que vivir entre tanto caos ni ruido. Podremos permanecer aquí sin molestos caza vampiros o demás situaciones incómodas. -Pero como demonios piensan prevalecer el orden con tantos vampiros mudándose a una ciudad muy pequeña, es un error fatal. Pero de esto me tendré que encargar yo –Dijo suspirando como alguien va a comenzar un trabajo que no tiene ganas de hacer. -¿Y quién eres tú para decidirlo? -Considérame el comisario de aquí. -Pues entonces comienza lo que tienes hacer niño caprichoso –contestó Aurguz poniéndose en posición de ataque cual fiera. Ambos vampiros se abalanzaron sacando colmillos y garras afiladas, un singular rugido brotaba de sus gargantas, fue un estruendo tan fuerte que llamó la atención de los borrachos, los cuales entraron pronto en pánico. Aurguz y Lerion soltándose brutales zarpazos y mordidas bajo la luna parecían un par de lobos alfa que luchaban a muerte, después de tantos movimientos finalmente se vio como Lerion pudo alcanzar a morder el cuello de su oponente arrancándole literalmente todo y dejándolo caer al suelo convulsionándose hasta desintegrarse por completo, en pocos minutos no era más que polvo blanco bajo una túnica negra que parecía ya un harapo. Lerion triunfante recogió esa túnica para no dejar evidencias, el polvo color hueso pronto se esparció con el aire. Miró al par de aterrorizados espectadores, uno de ellos hasta estaba mojado los pantalones, los ignoró por completo, a fin de cuentas la mayoría de la gente no les iba a creer, el noventa por ciento de las personas no hace caso a las crónicas de borrachos. Así que sin más que hacer ahí se desvaneció rápidamente entre las sombras sabiendo que esa noche iba a tener que exterminar al menos a otros dos o tres viejos conocidos. Ni modo le tocaba fumigar a las cucarachas de la zona, a alguien siempre le tiene que tocar el trabajo sucio.

lunes, 5 de abril de 2010

RDN Capitulo 6 Lonely



Ángel de alas eternas,¡oh! cadáver celestial caído ante mis pies

Ángel de alas eternas, poeta de los suburbios del mundo

Ángel dame tu luz y déjame sentir tu brillo por un instante, sólo por un segundo.

Ángel de alas eternas, sólo por un segundo, tu luz

Era una letra inspiradora para un coro de una canción, llegadora y profunda. En general la obra compuesta por Gael “Lonely”, era muy buena, llevaba un tono melódico hasta cierto punto depresivo, antes de comenzar con un ritmo pesado al más puro estilo del Power Metal. La letra completa también era bastante poética. En conjunto, una gran pieza musical, si no fuera porque cometió el error de dejarle al Gurú la introducción y èste le metió como tal, una melodía que parecía de Bob Esponja, eso me hacía recordar los primeros ensayos bizarros con el maldito disfraz de ese personaje que hablaba como gay reprimido.
-¿Sabes?, El gordito no es mal compositor, incluso es un genio en componer, pero ¿Por qué chingados tuvo que meterle esa melodía a mi canción? Y yo de pendejo dándole la oportunidad – Decía el mismo Gael cuando veníamos platicando en el camión hacia la casa de Orgas, pasando por aquel trecho pantanoso, donde lejos se alcanzaba a visualizar un criadero de cocodrilos. –Ahora voy a sentir que me debo poner una falda hawaiana para tocar la pieza, y yo profundizándome en la melancolía de un ángel desterrado de su divinidad, pero a veces uno como músico debe vivir este tipo de cosas, tampoco me mortificaré.
-¿Y porque no le dices que quite esa introducción tan Hawaiana? –Pregunté
-Pues debatir con el gordito es desgastante, además me estuvo jodiendo dos meses para ponerla. Lo malo de un genio es que siempre quiere ser muy protagónico: A donde pongas tu plato de sopa siempre querrá meter la cuchara. Además, esa rara afición a Bob Esponja es un poco preocupante, ya hasta la trae inconcientemente –Dejó un lapso en silencio y dijo –no quería ser tan específico pero para mí que el gordito es puto. –Nos reímos él, yo y una tercera persona que se integraba a la plática: Su novia Jennifer. Me acababa de presentar a su famoso amor apache, cuando me hablaba de ella me la imaginaba grandota, ruda, llena de collares y brazaletes de picos, incluso la imaginaba rapada de un lado con un tatuaje de calavera en esa parte de la cabeza y sosteniendo un sartén listo para darle en la madre a Gael cada vez que no estuviera conforme con algo que éste dijera, pero era todo lo contrario, una niña linda con rostro de inocente, una voz suave y unos ojitos rasgados estilo oriental. Jamás me imaginaría de ella venir un golpe, una patada o un sartenazo. Ese día iba vestida con un suéter de rayas rosas con blanco, unos jeans y su cabello suelto, negro, muy largo. Nada que ver con la imagen rockera de Gael.
El camión hizo la parada en la esquina hacia la casa de Orgas, así que bajamos los tres, Gael cargaba su guitarra y ayudaba a bajar a Jennifer, era todo un caballero con ella (a pesar de aguantarse ya tres años). Eso era otra cosa que me hacía increíble imaginar, pleitos severos con fuerza bruta.
Donde bajamos ya comenzaba la civilización y lo pantanoso quedaba atrás. En la esquina de la calle hacia la casa del ensayo estaba la tienda donde Gael sin falta compraba su jugo, esa imagen contrastante de rockero matón con su juguito de mango era material para seguirme riendo por meses.
Entramos a la casa y El Gurú ya estaba ahí esperándonos, pero no éramos a los únicos que él esperaba. –Pinche Orgas, es su casa, es su ensayo y no ha llegado- Dijo con sus brazos cruzados. De repente, de el cuarto salieron Daniel y Liz cargando a Wendy (la perrita de la familia, que parecía màs una alfombrita sucia sin ojos.)
-No se preocupen, Orgas llega en cualquier instante, si no es que se encuentra con una piedra que fumar en su camino –Dijo Daniel con esa voz gruesa y despreocupada, así que lo esperamos por media hora o tal vez un poco más en la sala mientras hablábamos y echábamos relajo los seis. Esa vez, hasta el Gurú se relajó y empezó a reírse con nosotros. En algunos momentos pude hablar un poco màs con Jennifer, me empezaba a caer bien porque al parecer era tan aficionada a los cómics como yo y podría por fin desahogar mis temas de gente rara con alguien sin que intervenga un ritmo de guitarra eléctrica o bajo de por medio en el tema. Después de un rato, llegó Orgas por fin, despreocupado y valemadrista, acompañado de una chica con rastas de color azùl. Se le veían bastante bien y bastante llamativas, ambos tenían una cara de pachecos que los describía como la pareja del año.
Ese día el ensayo estuvo bien, El Gurú no me corrigió nada, además, de alguna manera me sentía bastante bien con mi nuevo teclado que ni era mío y con el anterior, tener dos teclados me gustaba bastante. “Lonely” la ensayamos varias veces, incluyendo el intro de Bob Esponja y otras veces la anterior canción “The God dressed in green”, así que estábamos listos para la siguiente. El Gurú tenía en mente una que nos enseñó en el estereo que venía también hecha en pistas de computadora grabada en disco y sonaba bastante bien. “With me” se titulaba. En ella si que metía todas sus chaquetas mentales de Power, Mariachi y toques prehispánicos mezclados con rock progresivo. Era una canción larga, mucho más larga que las anteriores, pero me agradaba mucho cómo sonaba. Sin embargo, el gordo sugirió que antes de esa entrenáramos con algún cover o dos. Las propuestas eran precisamente dos. “Van Glory Opera” de el grupo “Edguy• (un grupo singularmente chistoso) y la otra era “M3” del grupo “Labyrinth”. Incluso esa ya llevaban una parte ensayada antes de que yo llegara, justamente esperaban la integración de un tecladista para completarla.
Pero en fin, después de la seriedad de hablar de la charla del grupo, comenzó de nuevo el relajo, pero esta vez me sentía un poco raro. Todos en parejita destellando corazones y rosas. Daniel y Liz, Orgas con su rastuda que ni nos presentó, y Gael con Jennifer, El Gurú no contaba, yo sentía que era asexual o tenía algún fetiche extraño relacionado con las esponjas o algo así. Pero yo como siempre terminaba siendo la ficha sobrante, el mal tercio, mal cuarteto, quinteto, etcétera. Digamos que el único pendejo que no agarró pareja en la primavera pasada. En fin, el relajo se interrumpió con algo inesperado. Daniel trataba ya de decir una cosa que le costaba trabajo pero aún así la soltó fluida y sin tartamudeos. –Compañeros, dejo Daggra.- Todos nos quedamos callados, no lo esperábamos, ni sabíamos el motivo por el cual se salía. Vi por segundos la cara de todos, ni si quiera el mismo Orgas se imaginaba que su mas alegado amigo casi un hermano trajera esa noticia. Obviamente Liz era la única que conocía el motivo. Pero el que se saliera repentina mente implicaba muchas cosas, búsqueda de baterista urgente mente, y tal vez retrasos en el progreso que ya llevábamos. Solo alcancé a ver entre las caras, la del Gurú que decía claramente “puta madre”. Nos quedamos rato escuchando sus motivos y en eso se fue con nuestro entusiasmo la luz del sol. Eran ya las ocho de la noche en lo que menos nos habíamos dado cuenta. Eso quería decir que ya no había camiones ni transporte y que por primera vez tendría que atravesar el pantano y además a oscuras, eso no me fue una idea muy agradable.
Salíamos de la parte aún pavimentada, la chica de Orgas se quedaría a dormir, Daniel también, así que éramos Gael, Jennifer, el gordito y yo ante el fangoso lugar. Solos armados con una tarola y una guitarra, expuestos a ser asaltados. –Bueno deben atravesar el sitio para llegar la siguiente colonia, haber si pasa algún taxi –decía Orgas –Si les sirve de algo, a esta hora suelen soltar a los cocodrilos, para que tengan cuidado. –Chingá, no fue algo que animara mucho ese comentario. Además de poder ser asaltados, violados, torturados por algún criminal suelto por ahí, ahora tambièn debíamos estar al tanto de los malditos cocodrilos. En cuanto a asaltantes, Gael podría darles una madriza pero enfrentarse a una bestia prehistórica ni Gael ni El Gurú podrían ante sus fauces.
En fin, el camino fue pesado, y más porque El Gurú no dejaba de maldecir a Daniel por habernos dejado. Todo indicaba que si no había un baterista para el siguiente ensayo tendría que pasarse él a la batería y no habría vocalista por un tiempo (por un lado muy bueno, así no tendríamos que escuchar su desafinada voz). La vereda se tornaba cada vez más oscura, si, realmente de miedo, solo la luz de la luna, y el canto de ranas y demás alimañas. Lo hermoso era ver las estrellas en un azul profundo y despejado. Estábamos llegando casi al final de la carretera, ya todo se veía menos cenagoso, además de un poco más de urbanidad, además a lo lejos se veían ya faros de luz eléctrica. Gael llevaba a Jennifer de la mano y El Gurú iba delante de ellos. Yo estaba retrasándome un poquito, estaba a paso lento, tenía varias cosas que pensar a pesar de que estaba alerta. Recordaba que era jueves y al siguiente lunes yo ya entraba a la escuela, en si, todos los integrantes ya entrábamos de nuevo a nuestras vidas cotidianas. Y eso también señalaba menos ensayos, al parecer, el acuerdo era rejuntarnos solo miércoles y fines de semana enteros. De repente estaba pensando en que mi vida se estaba dirigiendo a un estrecho de aislamiento. Fines de semana entregado al teclado y a Daggra, me dejaban solo los viernes como oportunidad para la vida social. No tenía aùn de què preocuparme, no tenía novia ni estaba casado, no tendría como dicen “un látigo que me moviera” ni una mujer que me pegara con el sartén. Solo el disgusto de mis padres y sus constantes llamadas de atención, que sin embargo las evitaría con mi empeño en la escuela. Así que semana entregada a las artes visuales y el estudio, y fines de semana a la música. Así que volvía al conflicto de nuevo queme tenìa dando vueltas sin razón ¿Dónde quedaba mi vida social? ¿Con el tiempo limitado tendría menos oportunidad de conocer chicas? Sólo me imaginaba que cuando nos presentáramos tendríamos fans y tal vez entre ellas encontraría una pareja perfecta que sabría que tendría el tiempo ocupado. Demonios divagaba demasiado, sin embargo mis pensamientos se vieron interrumpidos cuando escuché como Gael le hacía burla al Gurú, creo que estaba diciéndole referencias a que era bueno que caminara porque así bajaría la panza. Y el gordito se defendía molesto diciendo que el siempre viene de su casa caminando a la casa de Orgas y que este estrecho fangoso se lo sabía ya de memoria. Pero lo gracioso eran las risas de Gael y Jennifer y la sarta de tonterías que decía Gael. Estábamos ya bajo el faro, por fin podíamos caminar sin adivinar si lo que pisábamos era una roca, cemento, lodo o una caca de venado. Estaba un puente que comunicaba ya con la otra colonia y en pocas palabras con la paz y la humanidad. Era muy tenso pensar en lo que podría salir al asecho, entre penumbras y hierbas. Me fui aproximando hacia la orilla de la carretera justo subiendo el puente estaba muy entretenido oyendo como Gael no bajaba de botana al gordito cuando de repente tropecé di un azotón al suelo y rodé hacia la orilla del puente dirigiéndome hacia un barranco fangoso que desembocaba al agua verde. El madrazo se oyó fuerte y claro, rodé hasta donde pude detenerme y apenas agarrar mis cosas y justo debajo de mí salía del agua un hocico largo con dientes agudos en cuestión de segundos. Si hubiera caído un poco mas estaría siendo masticado brutalmente por aquel cocodrilo que me miraba con un hambre voraz y que se aproximaba en lo que recuperaba la conciencia y podría escalar hacia arriba. Gael en instantes bajó corriendo a agarrarme y El Gurú le aventó una rama al hocico al horrendo reptil para que se hiciera hacia atrás. Gael me jaló de la ropa hasta llevarme de nuevo al puente, en ese lapso sòlo escuchaba còmo palpitaba mi corazón tan fuerte que podría haberme estallado, seguramente estaba más pálido que la luna, tenía la mirada ida. Un segundo pudo haber sido la diferencia entre seguir siendo tecladista o comida para lagarto.

miércoles, 24 de febrero de 2010

RDN Capitulo 5: Navidad con la Pájara Peggy





Todos los días de julio eran iguales, un bizarro ensayo en la mañana en casa del Gurú y en la tarde el ensayo en la casa del Orgas, ya no sabía ni cómo rayos soportaba aguantar al gordito y sus regaños todo el maldito día, no sabía que entregarme al nuevo universo de la música tenía que implicar aguantar regaños, gritos y presiones, sin embargo, a pesar de todo, entre los cinco integrantes ya comenzaba a haber una buena sinergia, digamos que lo que valía la pena de esos días llenos de regaños, viajes largos a esos terrenos pantanosos y mucho agotamiento, era el relajo y los buenos momentos. Me llevaba bien con todos, sobre todo con Gael. A Orgas lo hacía reír mucho y el también a mí con todo lo que hacía extraordinariamente que, para él era normal.
Todo el día era música, había descuidado el dibujo, la pintura y mis aficiones en las artes visuales, y pronto iba a regresar a la escuela. Al parecer eso les disgustaba bastante a mis padres. Sobre todo a mi papá, quien consideraba que todo el día solo estaba de vago. No entendía el gran esfuerzo que yo hacía por superarme para lograr aprender a tocar un instrumento. No había empezado como muchos con un maestro, yo tuve que hacer las cosas por la mala, a punta de madrazos. Creo que esa canción: “The god dressed in green” me la sabía ya de memoria, me tenía harto, pero llegó una nueva propuesta que Gael había compuesto: “Lonely” ,que al parecer estaba igual de elaborada que la que ensayábamos. Él había hecho la letra y había planeado las notas y con ell Gurú la habían pasado a pistas en computadora, así que los dos ya se la sabían casi de memoria y sabían las reglas de cada nota. Entre las cosas que estaban se necesitaba otro teclado y de preferencia mucho más elaborado que el básico con el que había estado tocando.
-¿Quien podría tener un teclado que nos pudiera prestar? –Preguntaba Gael
-No es solo para esta canción, tendríamos que conseguir que alguien nos lo prestara por un tiempo definitivo, que nos lo vendiera, o bien buscar un precio económico en uno. –Contestó el Gurú
-Podríamos robarlo –Dijo Orgas despreocupadamente.
-¿Sabes qué León?, tú tienes la misión de buscar precios por internet o en catálogos de tiendas de música, tu eres el tecladista y debes estar preocupado por esta situación, a menos que quieras tocar siempre en ese tecladito de niño de primaria. –Me dijo el Gurú y fue algo que me tomé muy enserio.
Esa noche busqué catálogos por internet sobre teclados, estaba maravillado de los modelos que veía y al mismo tiempo tan triste por los precios tan altos. Algunos eran teclados y otros eran sintetizadores, pero los precios eran como rascacielos y dudaba que mis padres quisieran apoyarme económicamente. Al otro día no hubo entrenamiento, así que de cierta manera sentí descanso. En la tarde en el ensayo les di los resultados de los precios y así como yo, todos quedaron frustrados. Tal vez Orgas me oía, pero no me prestaba atención.
-Parece que tendremos que hacer lo que Orgas propuso, robar un teclado, ya que ni nuestros bolsillos juntos nos rinden para comprar uno. –Dijo El Gurú –Pero ¿Quien podría tener uno?
-¿Que tal el Mantra?, tiene uno que no utiliza. –Intervino Gael
-Tienes razón, el Mantra no usa su teclado, se ha dedicado nada más a su vida de casado –Contestó el Gurú.
-Y aún así, no ha dejado la chaqueta a un lado, me contó hace poco –Dijo Gael entre risas. –l Mantra siempre fue distinguido por jalarle el cuello al ganso más que todos. Lo han apodado “Don Pajero”, “Punta activa” y “Escopeta”.
-Es todo un caso con eso –Intervino Orgas –Un día que la policía me trepó a su camioneta por andarme orinando en la calle, al subir tenían a un vagabundo y al Mantra, y los habían arrestado por andar haciendo competencias de chaquetas en vía pública. Pero bueno regresando al punto ¿Cómo le vamos a hacer para robarle su teclado?
-Es decir que, de plano ¿Lo vamos a robar? ¿ni si quiera se lo pediremos prestado? –Pregunté desconcertado al escuchar que Orgas ya había tomado el robo como un hecho.
-Lo que pasa es que el Mantra no suele prestar sus cosas, nunca, aunque no las use, es un marro –Intervino el Gurú. Era más que evidente que ese famoso Mantra era un amigo o conocido que tenían los tres en común. Yo aún no lo conocía y ya me daba risa. –Debemos conseguir un carro para escaparnos en chinga, porque no vive en Pachuca, si no en un pueblo vecino “Acayuca” y también necesitamos una carnada.
-Mi papá puede prestarnos su carro -dijo Daniel con su voz ronca y muy seria.
-Muy bien ahora necesitamos una carnada, propongo que el más reciente en entrar al grupo lo sea –Dijo el Gurú y todos voltearon a verme con cara de gozo.
-¡Oigan que les pasa!, ¿qué se creen?, ¿qué voy a hacer yo para entretenerlo, ¿acaso vestirme de pollito y cantar villancicos?
…..

-¡No puedo creer que esté en esta situación!- Decía en el asiento trasero del auto del padre de Daniel mientras estaba vestido con un traje de “La pájara Peggy” aguantando el calor por tan semejante disfraz. Daniel iba manejando y en el asiento delantero del copiloto iba Orgas. Atrás conmigo iban Gael y el Gurú. Ya salíamos de Pachuca y nos dirigíamos a Acayuca.
Llegamos en veinte minutos a la dichosa casa, tenía una reja blanca, un pequeño jardín y se notaba que solo era de un piso, aún no olía a hogar con bebés, solo a una residencia descuidada de una pareja joven desordenada. El plan era que por la parte de atrás entrarían Gael, el Gurú y Orgas cuando yo tocara el timbre y salieran a verme hacer el ridículo de mi vida, Daniel nos estaría esperando una cuadra más adelante. Constaba todo de solo quince minutos bien calculados, desde el toque del timbre hasta la huida en el carro. Así que debíamos ser eficaces. Toqué y la pareja salió, su rostro era una mezcla de desconcierto y ternura hacia mi espeluznante figura amarilla. Abrieron la reja y, desde mi ubicación vi cómo mis tres colegas se introducían por una ventana trasera y noté que al otro extremo había un gran perro que justamente acababa de despertar cuando entraron y ya estaba empezando a dar sus primeros gruñidos, pero inexplicablemente llevaba un bozal y estaba también amarrado. Yo comencé lo que debía, no tenía que distraerme, así que hice un paso chistoso cantando –Era Rodolfo el reno, que tenía la nariz, roja como una grana y un brillo singular...- Mis bailes y movimientos extremadamente bizarros ya captaban suficiente su atención sin tener que voltear atrás a ver porqué el perro se escandalizaba, los dos creerían que mi llegada era el motivo.
-¿Por qué habrá aparecido este extraño pajarito a nuestra puerta amor? –Decía la mujer
-No lo sé cariño, tal vez sea uno de esos testigos de Jehová o un vendedor –Contestó su novio, un hippie de pelo hasta los hombros despeinados y barba desalineada con una cara de pajero que no se la aguantaba, quien yo supuse era el famoso Mantra. Ambos olían como si acabaran de fumar marihuana. Yo solo seguía con mis versos navideños. Todo iba sobre la marcha, alcancé a ver como el Gurú agarraba el teclado y señalaba en forma de burla al pobre animal amarrado. Gael ya estaba sacando el instrumento, todo iba genial hasta que Orgas corrió hipnotizado al refrigerador y comenzó a sacar la comida, y en eso se estrelló contra algo y se oyó un objeto de cristal rompiéndose. En eso la pareja de hippies volteó y todo se estropeó, solo me llevé la mano a la cabeza en señal de “puta madre”.
-Así que esto solo era una distracción para saquear mi casa, malditos ladrones hijos del coño –Dijo el Mantra reaccionando a tal suceso. El Gurú y Gael salieron disparados con el teclado y tras ellos Orgas con cuatro salchichas en la boca y varias cosas en los brazos, entre latas, jamón y quesos. Por unos segundos pensé que el par de Hippies no vivían tan mal con toda esa comida que la mitad se la iba devorando el bestia de Orgas.
Comencé a correr como pude detrás de ellos con ese maldito traje que no me hacía nada hábil, además de que me asaba literalmente. Fue cuestión de segundos para que el gran Doverman del Mantra fuera soltado sin el bozal y llevaba una expresión de querer asesinarnos y lo peor es que en unas milésimas de instantes me atraparía y sería comida de perro salvaje. Gael se percató y le gritó a Orgas que agarrara el teclado, así que Orgas soltó la comida de los brazos sin soltar las salchichas de su boca y agarró el teclado con el Gurú. Gael en dos segundos llegó y me llevó cargando a todo lo que pudo. Yo, con todo el cuerpo apretado por su fuerza de karateka y saltando todo mi ser, alcancé a ver como Daniel metía reversa donde nos esperaba y se subían los dos con el teclado como podían al auto, vi como se abría la puerta derecha delantera donde Gael me arrojó y posteriormente se trepó atrás con medio cuerpo afuera. De re ojo vi cómo logró esquivar al feroz animal que estuvo a punto de agarrarle una pierna. La puerta delantera donde iba seguía abierta, pero necesitaba primero acomodarme bien en el asiento para poder cerrarla ya que Gael me había arrojado como pudo adentro, y no fue sino hasta dos cuadras después que lo pude hacer. Creíamos que nos habíamos librado, hasta gritamos de felicidad, cuando de repente salió el Mantra tras nosotros en una moto a toda velocidad. Fue cuando nuestra expresión cambió de triunfo a alerta, y Daniel aceleró a todo lo que pudo. A dos kilómetros lo pudimos perder definitivamente y ahora sí celebramos victoria, ya teníamos teclado nuevo. Orgas celebraba devorando sus salchichas y un queso que se había alcanzado a meter al pantalón durante la gran huida.

lunes, 16 de noviembre de 2009

RDN Capitulo 4 Un individuo singular


Entrando a la casa parecía ser otra dimensión, era un sitio con poco espacio y con muchos triques amontonados, se veía que vivían varias personas. Nos había abierto un señor regordete de bigote grueso con una playera del equipo de fut bol “Los tuzos del Pachuca” y shorts un poco sucios. Nos recibió, mientras comía una tostada con crema y con la boca llena de alimento dijo –Oscar está durmiendo en su habitación váyanlo a despertar para que le den al ensayo. “El Gurú” y Gael dejaron los instrumentos en los sillones de la sala que eran de terciopelo rojo y algo maltratados. La estancia de la sala era la primera de la casa. Estaban los sillones, una pequeña mesa de centro, una televisión y en sima una maseta y figuras de plástico de las que salen en las frituras y las galletas. La siguiente estancia era el comedor, era una mesa larga, de ahí se dirigían tres estancias, hacia enfrente la cocina, y a la derecha el patio y mas a la derecha otro pasillo que conducía a los cuartos. Nos dirigimos precisamente a ese pasillo, al fondo estaba una de las habitaciones, dentro de este había dos literas, varias montañas de ropa encimada, y justo en medio de las cuatro literas en el suelo acostado sobre un periódico había una figura con una sudadera de capucha cubriéndole la cabeza en posición fetal como un vagabundo en el quinto sueño. ¿Porque estaría dormido en un periódico habiendo dos literas desocupadas?
-No te preocupes ahorita lo despertamos, tenemos un palo oficial para hacerlo, siempre pasa lo mismo –Dijo “El Gurú” agarrando un palo de escoba en una esquina del aposento.
-¿Él es? –Le pregunté a Gael
-Es “Orgas” el bajista del grupo, en realidad se llama Oscar pero todos los Oscar del mundo están condenados a ser “Orgas”.
-¿Ah sí? ¿Quién inventó eso? –Pensando yo en que era una ley oficial del registro o algún sobre nombre ancestral como decirle Pepe a los José.
-Pues se nos ocurrió un día y ya así quedó por siempre el Orgas. –Contestó Gael con un tono despreocupado que provocaba risa.
“El Gurú” picó al individuo con el palo de escoba. -¡Orgas, levántate ya es hora de ensayar! ¡Ándale ya pinche Orgas! –La figura se levanta con un ojo pegado todavía, tenía una barba algo larga, despeinada y llena de doritos y trozos de comida. Se veía que estaba casi ahogado en una densa cruda. Se quitó la capucha de la sudadera dejando salir una cabellera china, sucia y extremadamente despeinada. –Orgas, él es León, el nuevo integrante del grupo, será el tecladista –Nos presentó “El Gurú”. Orgas me vió como si fuera un bicho raro, y de manera desganada me tendió la mano.
Los tres nos dirigimos hacia afuera del pasillo y de ahí al patio. Este era largo y al fondo había otro cuarto donde se escuchaba un baterista ensayando, el gran sitio del ensayo. Al abrir la puerta era un lugar donde las paredes estaban forradas de cajas de huevo, periódicos y algunos posters de grupos como “Los Ramones” y “AC/DC”, en la pared de fondo había un -chavo vestido de gorra, con una playera negra y una estrella roja y unas bermudas verdes y un toque estilo “Hard core”. Él estaba ya ensayando en la batería y junto a él parada una chica de cabello castaño claro, tez clara y ojos verdes. Vestida con una chamarra de cierre azul ajustada también estilo “Hard Core” y unos jeans azules rotos. Estaba recargada en la pared viendo al vacío. Al lado derecho del cuarto estaba el tecladito que reconocí inmediatamente, era con el que había entrenado.
En lo que terminábamos de entrar “El Gurú”, Orgas y yo; Gael había ido por los instrumentos que habían dejado en los sillones. –León, él es Daniel, el baterista temporal del grupo, y ella es Liz, la hermana de “Orgas” – No se parecían mucho, es lo primero que pensé.
Tardamos cinco minutos en acomodarnos antes de darnos cuenta de que no había luz. Y “Orgas! dijo –Yo me encargo –Salió del cuarto y no sé porque todos fuimos tras él como si hubiese algo instintivo, menos Daniel, quien siguió practicando. Nos dirigimos afuera de la casa y “Orgas” se subió a un poste con una vara en la mano izquierda.
-¡Con cuidado “Orgas”! –Le gritó Liz preocupada mientras ajustaba él, con un palo, un diablito en los alambres –Siempre pasa lo mismo me dijo ella
-¿Les cortaron la luz? –Le pregunté
-En realidad llevamos dos años sin luz, este diablito nos ha mantenido iluminados. Mi hermano se encarga de mantenerlo bien aprensado a la corriente eléctrica para que no nos falte la energía en el hogar. –Dios, era algo difícil de asimilar, uno que ha vivido con luz y corriente eléctrica normal en su casa sin necesidad de llegar a tales extremos. Lo extraño era que si llevaban dos años haciendo esto le preocupara a ella que su hermano el vago se subiera al poste como si fuera niño chiquito o como si fuera la primera vez que lo hacía.
En fin, posteriormente al pintoresco suceso, Gael le preguntó a “Orgas” -¿Oye carnal, tienes el disco que te encargué?
-No mames carnal créeme que se me olvidó –fue la primera vez que le oí emitir una palabra al sujeto, freí que no hablaba. Sin ser mal pensado de repente lo veía como una especie de homínido traído por una máquina del tiempo y atrapado en el presente.
-Pero carnal, te lo pedí desde hace dos semanas y hoy te hablé por tu celular y ni tus luces –Contestó Gael un tanto indignado.
-Lo que pasa es que hoy me enojé con mi celular, porque no salía un puto mensaje que quería enviar y entonces dije, “maldita porquería capitalina, nos mantienes presos entre tus teclas” y lo aventé porque pensaba que no lo necesitaba y cuando lo vi en el suelo todo desarmado me di cuenta de que si lo necesitaba –Dijo con un rostro de perrito regañado y desahuciado. –Es que putas porquerías tecnológicas, te mantienen atado a un sistema. Yo no quiero ser una marioneta del capitalismo, pero maldita sea, son demasiado necesarias.
-Bueno, ¿y a todo esto cuando me das ese disco? –preguntó Gael con pocas esperanzas.
-No mames carnal, luego en serio. –“Orgas” tenía una voz muy liviana, despreocupada y decía muchas cosas de él, se notaba que era un pensador de izquierda con muchas ideas revueltas.
Ya en el cuarto estábamos listos para ensayar y “Orgas” se quitó la playera, de pronto lo miré algo desconcertado y me dijo que siempre lo hacía en este ensayo y en el ensayo de su otra banda “La pisca”. –Tienes que vernos ensayar pinche Alfredo, “La pisca” somos la ley. –Dijo con ese tono jovial y despreocupado.
-Me llamo León, no Alfredo
-Como sea Juan
-¡León!
-Si León –Soltando una carcajada –Nunca había escuchado que alguien tuviera nombre de animal. –Ese comentario me desconcertó por lo directo y honesto, creo que él no callaba lo que pensaba. –Te iré presentando a los de mi banda León, somos una manada, una familia. De hecho Daniel, que ahora nos ayuda en la batería, toca la guitarra ahí con nosotros, él es mi hermano prácticamente.

-Oye, ¿Y que tocan? –Pregunté inmediatamente antes de que se pusiera fraternal.
-Pues no sé, es como “Rock urbano”, es como “Hard core”, no se, nosotros solo hacemos música y eso es lo que nos basta.
-Bueno, basta de charlas, tenemos que ensayar –Interrumpió “El Gurú”. No entiendo porqué la urgencia de sobre salir debe ser parte del sueño de cualquier genio artístico.
Comenzamos y obviamente todos iban coordinados, menos yo, estaba totalmente a destiempo, trataba de acoplarme pero no tenía ni idea de cómo, me sentía como extraviado. “El Gurú” que no hacía nada, parecía más bien estarnos dirigiendo. Paró a todos y me preguntó agresivamente qué que me pasaba. –No lo sé –Dije horriblemente intimidado.
-Te puse a entrenar para que llegaras preparado chingada madre ¿Que no puedes ni acoplarte al ritmo o que chingados?
-Aguanta Honda –Intervino “Orgas” en pos de defensa -es su primer ensayo cabrón, obviamente le va a costar integrarse bien, no empieces con tus gritos o lo vas a correr como a los demás integrantes que han querido pertenecer. –Vaya, no debo juzgar a las personas por su apariencia- pensé. Yo visualizándolo como un homínido salvaje mientras que él ya estaba defendiéndome sin conocerme ni juzgarme.
Posteriormente en la canción “The gods dress in green” tocaba el turno de que entrara la voz. El vocal era el mismísimo “Gurú” y comenzó soltando un grito des afinadísimo que supongo yo él pensaba que era muy armónico. Creí que hasta las ventanas se iban a romper. Comenzó a cantar, claro si a eso se le llamaba cantar, se supone que todo vocalista de grupo debía vocalizar antes para que no pasara esto.
El ensayo fue un poco tortuoso, dos horas muy densas para mí. No imaginaba tener que pasar por esto pero una voz interior me decía que no me desanimara, que debía comenzar desde abajo. “El Gurú” era muy duro y sentía que exigía mucho y aportaba poco con esa voz tan desafinada. Al salir del cuarto, tenía la cabeza gacha, estaba desconcertado, había sido un suceso mucho más difícil que los entrenamientos. “Orgas” llegó y me puso la mano en el hombro. –No te desanimes, todos empezamos así, pregúntame tan solo cómo me regañaba cuando me equivocaba o pregúntale a este cara de pito –Dijo señalando a Gael
-Si carnal, a todos nos tocó bien rudo –Me dijo Gael con su tono siempre atento y agradable.
-No importa qué tanto te regañe, mientras tú puedas progresar. –Continuó “Orgas”. Aún con los ánimos de ellos dos que con mucho afecto se les agradecía, no podía dejar de sentirme mal, cansado y hasta con el estómago revuelto. Mi primer ensayo, algo duro y un tanto frustrante.
Nos dirigimos para tomar el camión de regreso, Gael, “El Gurú” y yo. –Menos mal que aún hay luz, al momento que se oculta el sol dejan de pasar los camiones –Dijo Gael justo cuando íbamos subiendo al transporte, antes de subirme yo miré al horizonte repleto de la escasa luz del atardecer, no imaginaba cruzar caminando todo ese estrecho pantanoso en la oscuridad de la noche.

lunes, 2 de noviembre de 2009

RDN Capitulo 3 Gael el señor de las cuerdas

La cita era media hora antes de a las cuatro de la tarde, precisamente hora en la que ensayaban, así que “El gurú” me entrenaba de doce a dos y de ahí se iba al lugar donde ensayaban, hacia una colonia recóndita de Pachuca llamada “El venado” poco conocida pero llena de misterios y leyendas urbanas. Algunos decían que era una parte de la ciudad poco civilizada, otros contaban que aún había partes que eran pantanosas y hasta se rumoraba de un criadero de cocodrilos. No estaba tan lejos como “Fraccionamiento Pitahayas” que ya era más que nada una aldea urbana, casi le faltaba tener su propio sistema y régimen. Pero “El Venado” era más extraño, tanto había escuchado de ese lugar que ya me entraba una gran curiosidad por saber si era verdad todo eso.
Estaba ya en la parada de autobuses en donde habíamos quedado de vernos así que me encontraba parado esperando a que llegara. Vi al “Gurú” aproximarse a lo lejos acompañado de un tipo también de pelo largo, moreno de buena complexión y forrado de negro, tenía una chamarra de piel que se le veía muy de motociclista o “moto rocker” y tenía varias cicatrices en la cara. Todo le daba una apariencia clara de ser un tipo rudo. Iba cargando una guitarra y “El Gurú” una tarola de batería.
-Hola León, te presento a Gael, él es el guitarrista
–Que onda, mucho gusto.- le estreché la mano.
-Que onda –Respondió con una voz agradable.
-Bueno, basta de charlas, se aproxima el camión hacia “El venado”-Dijo el gordito con su voz chistosa en un tono muy apático.
Al subir al autobús me senté con Gael, y tenía dos minutos de haberme conocido cuando ya me estaba contando su vida personal con su pareja. –Mi mujer y yo nos hemos llegado al extremo de golpearnos – me dijo, yo no entendía si le levantaba mucha confianza o siempre lo hacía con todos los que conocía. –Es amor, realmente es amor, pero muy agresivo, yo en verdad la quiero pero al parecer los golpes marcan una especie de medida en nuestra relación. De hecho la conocí porque le pegué sin querer en la cara en medio de una golpiza dentro de un evento de rock. Después la agarré antes de que se cayera por el impulso y al sostenerla en ese fragmento de segundo en medio de la guerra la vi a los ojos y supe que la amaba. Saqué papel de baño para limpiarle la sangre y le pedí disculpas y de ahí nació el amor y llevamos tres años pasándola increíble. Solo que cuando se enoja y se alborota me empieza a golpear incluso una vez en su casa me dio en la cabeza con la sartén por eso traigo esta cicatriz en la frente, me la abrió con ese golpe pero después fue muy linda porque me atendió y me sanó la herida.
-Vaya amor el de ustedes –Comenté sorprendido y como niño pequeño seguía preguntando -Tus otras cicatrices ¿También son por problemas amorosos?
-No mi hermano, ve, esta que tengo en la nariz fue cuando me pelee con mi hermano, me dio un golpe y me rasgó con su anillo de matrimonio, no tengo idea como pasó pero así me quedó la marca. ¿Y vez esta cicatriz en la barbilla? esa fue una noche que me pelee con siete tipos, uno incluso llevaba un tubo que se lo quité en dos movimientos, una patada y un empujón. ¿Y vez esta otra cicatriz en el brazo? –Dijo quitándose una pulsera de picos en la muñeca izquierda. Precisamente le atravesaba de la muñeca hasta el brazo. –Esta me golpearon con un pedazo de la defensa de un bocho.
-Porque te golpeas tanto ¿Te gusta buscar líos?
-No, los problemas me llegan solitos, lo bueno es que desde que era niño entreno un buen de cosas: “tae kwan do”, “kick boxing”, “ninjitzu”, “kung-fu” y pues la verdad ya me gustó este asunto de pelearme, ¿ahora entiendes porque madree a siete cabrones que se andaban pasando de listos con una chica?.
-¿Conocías a la chica?
-No, yo solo iba pasando y vi que la acosaban, entonces me metí a defenderla, desde ahí me ella me ama pero lo malo es que soy hombre de una, aunque de vez en cuando me escapo a escondidas para ver a esta chica y le doy sus besotes. –soltó una carcajadilla agradable.
-¿En qué año naciste Gael y desde que edad entrenas todo eso?
-Soy del 85 carnal, entreno desde los seis años y a partir de los veinte comencé a dar clases, de hecho de eso vivo, doy clases de “tae kwan do” y “ninjitsu” en diferentes “doyos”. Ya que yo no estudio, me quedé a mitad de la preparatoria y después me valió madres la escuela.
-Vaya, yo también soy del 85, somos del año del terremoto de México. De hecho yo nací en abril y en septiembre esa catástrofe hizo que mi Mamá se viniera a vivir con migo a Pachuca. Se divorció de mi papá y él se quedó allá. Y cuando yo tenía 5 años mi mamá se volvió a casar con otro señor al que ahora también llamo papá, cuando tenía diez años tuvieron una bebé, que chistoso, tengo dos padres, al biológico lo veo seguido, lo suelo visitar al Distrito Federal – ¡Increíble! esa historia no la suelo contar a nadie a la primera de conocerlo, así que también me estaba desenvolviendo con Gael. Quería decir que empezaba a haber un lazo de amistad bueno.
-¿Y qué se siente tener dos papás carnal?
-Es extraño, el papá de aquí a veces lo siento un poco ajeno a mí, a veces es muy poco afectuoso. Algún tiempo nos llevábamos muy mal y hasta tuvimos que ir a un psicólogo familiar, pero ahora ya es mejor nuestra relación aunque él no está muy de acuerdo en que me meta a un grupo de “rock”, teme a que deje mis estudios –En eso voltee como involuntariamente a ver de reojo al “Gurú” a ver si estaba escuchando porque a mi mente llegó esa pregunta “¿Te atreves a dejarlo todo por la música?” Iba sentado mirando al vacío con su pose de brazos cruzados y su cara de pocos amigos. Jamás supe si escuchó lo que platiqué con Gael.
-Oye carnal ¿Y a que te dedicas? –Preguntó Gael pero en eso el camión dio la vuelta hacia dónde íbamos a bajar. Justo como lo habían contado, “El venado” era una dimensión paralela, un umbral entre la civilización y el pantano. El camión nos llevaba por una carretera bien pavimentada, pero a los lados se veían terrenos de agua estancada, al fondo de la carretera ya se veían casas. El camión llegó precisamente ya donde estaban las viviendas y “El Gurú” nos dijo que nos bajáramos con ese tono frío y chistoso.
-Perdón carnal –Le dije a Gael –No te dije a que me dedicaba porque pues no conocía “El venado” y pues me quedé..
-¿Te quedaste sorprendido carnal? –Me robó la palabra como si leyera la mente –No te preocupes, varios que nos han acompañado hasta este lugar se quedan igual.
-Pero bueno –Seguí, yo me dedico a dibujar y pintar, amo el arte y estudio la licenciatura en artes visuales.
-Que chido carnal ¿No traes dibujos?
-No carnal te los debo, pero así como tus pasiones son las peleas, mi pasión es el dibujo, la pintura y el cómic.
-De hecho mis pasiones son las artes marciales, esta guitarra y mi señora que por algo la amo, me ayuda a entrenar cuando estamos enojados –Los dos soltamos una carcajada y posteriormente sacó su guitarra eléctrica de su estuche, era genial, el diseño y la forma. Después se puso a tocarla, la manejaba con una fluidez increíble, como si estuviera manejando cualquier cosa hacía unos requintos geniales. Tenía bastante talento. En eso “El Gurú” interrumpió -¿Alguien quiere pasar a la tienda antes de que entremos a la casa del “Orgas”? La verdad yo quiero mi “Gansito” si no, no estoy feliz en el ensayo. –Dijo con un tono algo gracioso que no podía yo creer.
-Yo te acompaño- dijo Gael y los dos se metieron a la tiendita de la esquina y al salir fue un suceso demasiado gracioso “El Gurú” con su cara de “no me toques porque pego” comiéndose su “Gansito” y Gael con su apariencia de asesino, con chamarra de cuero, pulseras de picos y cicatrizado por todo el cuerpo, bebiendo un juguito “Jumex” de mango. Yo tenía inmensas ganas de soltarme a carcajadas.
Nos aproximamos a la casa donde íbamos a ensayar, la casa del “Orgas”. Estaba yo a punto de conocer el espacio que iba a darle un giro a mi vida y que marcaría los próximos días de mi existencia.

RDN Capitulo 2 El entrenamiento

-¿Entonces, tú conoces al Gurú? ¿y no me lo habías mencionado? –Platicaba al otro día con Alex por teléfono.
-Pues yo no sabía que tu lo buscabas, ni si quiera tenía idea de que quisieras tocar el teclado.
-Alex, años de conocernos y ¿Nunca te habías percatado que soy un músico frustrado que estudia artes visuales? Pero en fin, dime como es “El gurú.”
-Pues como te lo he mencionado, él estudia con migo la licenciatura en comunicación, pero solo lo hace por tener un título, en realidad solo ama la música. No estudió la licenciatura en música porque no es muy afecto a la música clásica, está enajenado con el metal, sobre todo el power metal. Le gusta componer con pistas de computadora sus canciones, realmente considero que es un genio musical y como todo genio hay un precio que pagar, en su caso es una extraña incapacidad para socializar y mucho menos para expresar sus sentimientos excepto en su música.
-Sabes hoy tengo que verlo a las doce del día, me va a entrenar para tocar el teclado y, como sabes, pues yo no cuento con uno, al parecer tiene uno en su casa, o algo así me mencionó.
-Pues te deseo suerte porque sé que será un entrenamiento muy duro. Bueno debo irme León, nos vemos después y me cuentas qué tal te fue. Cambio y fuera.
-Sale Alex, gracias por los ánimos –Dije sarcásticamente.
Me preparé para irme hacia la soberana república del Fraccionamiento “Pitahayas”. Tomé un taxi y hacía un horrendo calor irradiado por un sol de un día de julio. Llegué a “Casas Kuma” Fraccionamiento “La chingada” y más allá. Bajé del Taxi pagando una cantidad enorme y claro, esas distancias costaban tal cantidad monetaria. Mis padres no estaban muy de acuerdo a que me uniera a un grupo de rock, sobre todo para mi padre. Para él eso era ya casi arrojar tu vida a la basura cuando te entregas al rock. Llegué a la casa del “Gurú” y me sorprendí que me esperaba afuera en su patio delantero, ya parado en un solo pie sobre un pedazo de tronco con un extraño traje de karateca y los ojos cerrados(cabe mencionar que la cinta negra le apretaba las lonjas, lo que provocaba que su pansa se desbordara). Realmente no sabía si reírme, echarme a correr o quedarme a ver qué diablos iba a pasar.
-León, como vez, al lado tuyo en el suelo hay un traje, eso debes usar para tu entrenamiento. –¡Qué demonios! ¿Acaso una broma? Era un traje de Bob Esponja.
-¡Ah no!, yo no voy a ponerme eso. –le dije
-¡Póntelo! No te estoy preguntando, prácticamente es una orden, tu quisiste pertenecer a mi grupo, debes aceptar todo.
Tuve la osadía de ponerme el estúpido traje y después dije. –Muy bien ¿ahora qué?.- Creía que al voltear se atacaría de la risa al ver lo ridículo que lucía portando tal cosa en sima. Pero me vió y seguía actuando igual.
-Ahora, observa el tapete que está abajo de ti –Voltee y vi un tapetito parecido al que usan en juegos de videos y efectivamente, estaba conectado a un cable que entraba por una ventana hacia dentro de la casa, y al parecer estaba conectado a alguna especie de consola. –Supongo que al menos conoces las notas. ¡Quítate los zapatos y con tu pie izquierdo descalzo aprieta el Do! –Hice inmediatamente lo que me pidió. Y al apretar la tecla sonó una nota dentro de la casa, así que precisamente el tapete pertenecía a alguna especie de consola.
¡Ahora aprieta el Si y posteriormente Sol y La. Después de nuevo Do-Sol-La! –Seguí esas notas - ¡Ahora con el pie derecho aprieta Re-Mi-Sol!
Así me tuvo una hora aproximadamente, apretando las notas que él me indicaba, no tenía sentido, ni si quiera estaba formando una melodía o algo parecido o acercado. Estaba ya harto y mojado de sudor. El maldito traje de Bob Esponja era incómodo y ese intenso sol no favorecía en nada.
-Muy bien, paremos, puedes quitarte el traje, pasemos a la casa –Me lo quité inmediatamente aventándolo y pasé al interior percatándome de que, efectivamente, el tapete en forma de teclas estaba conectado a una computadora y al mismo tiempo un teclado muy pequeño y básico. –Quiero enseñarte varias composiciones que he hecho y la que tú te vas a aprender para tocar en el ensayo. – Al escuchar sus canciones le di la razón a Alex, en verdad “El Gurú” era un genio en la música. Tenía unas composiciones de power metal que, bien tocadas, estaban al nivel de grupos europeos, aunque sí con unos extraños toques de mariachi y prehispánico. Posteriormente, apareció un programa en la computadora que tenía las teclas de un piano pequeño e iba indicando con un punto rojo la pieza a seguir y formaba una tonada. –Debes seguir la melodía. –La canción sonaba paso por paso lentamente para que yo la siguiera sobre el teclado. Obviamente eso me llevó otra hora, realmente era muy torpe pero yo creo que para ser una primera melodía no estaba tan mal. Tenía obviamente demasiadas trabas y “El Gurú” me regañaba y me reclamaba cada vez que fallaba, es decir unas dos veces por minuto. Pero está bien, aun así no estaba tan mal para ser mi primera melodía.
Terminando el ensayo de ese día, me senté en el suelo totalmente fatigado y le pregunté por el nombre de esa canción, y ahí comenzó a explicarme su chaqueta mental de porqué le había puesto ese título y que quería decir –Se llama “The gods were dressing in green” y eso quiere decir que Estados Unidos se siente el soberano del mundo y el verde lo han convertido en un tono de terror, ya que estos malditos soldados entran a todos los países como si fuera su casa y extorsionan al planeta entero. Y por eso debemos ponerle demasiada énfasis a esta canción, para transmitir los gritos y susurros de todos los héroes de nombre desconocido que perdieron su vida en la batalla contra los dioses verdes. –En ese momento, por como lo explicaba me imaginaba que casi le aparecía una bandera tras él mientras miraba el horizonte.
-Y a todo esto- pregunté como un niño curioso, sorprendido por tal choro mareador -¿Cuál será el nombre del grupo?
-“Daggra” –Contestó muy heroicamente.
-¿Y eso que quiere decir?
-Enemigo en Tibetano –¡Genial!, pensé. Este tipo mete mariachi y prehispánico, las canciones son en inglés, y el título es en tibetano, vaya coctel de lenguas. Esperaba que al menos el título fuera en español, o en Nahuatl o Maya. –Y es enemigo –Continuó con su discurso –Por que el humano es el peor enemigo del hombre mismo. Y hablando de enemigos, debemos ser mejor que ellos –Y desenrolló un poster de un grupo pachuqueño también de power metal llamado “Arwen Dagorlad”, yo no los conocía en persona, solo sabía de ellos porque eran realmente famosos en Pachuca y México. Salían en radio, en tele, en entrevistas, ya llevaban dos discos y además los tenía agregados a “My space”(de hecho ahí los había conocido más). –Estos son nuestros enemigos, debemos superarlos –Dijo con un gran desprecio y yo pensaba, ¡rayos! pues si hay que ser mejor pero ¿Porque tanto enojo?
En verdad “El Gurú” como todo genio tenía grandes delirios de grandeza, quería llegar en poco tiempo a Europa y hasta me dijo que fuera tomando ya clases de inglés, francés y alemán. Todos los días de la semana era el mismo entrenamiento, pisar en el tapete con el traje de Bob Esponja. Repetir la melodía en la computadora y de vez en cuando meditábamos en el patio. No tengo idea para que. Todos los días era a la misma hora, doce del día. Lo bueno es que estaba de vacaciones, hace un momento había yo mencionado que cursaba el cuarto semestre de la carrera, en realidad apenas iba a entrar en agosto al cuarto semestre. Así que no tenía problemas en asistir al entrenamiento, mi melodía la estaba haciendo cada vez mejor, ya para el quinto día “El Gurú”
me dijo que estaba listo para presentarme a un ensayo del grupo y conocer a los otros integrantes.